80 palabras

Los nativos del desierto de Kalahari, nos dice José Antonio Marina en su libro Las culturas fracasadas, poseen un vocabulario de más o menos ochenta palabras. Debido a que su sistema de comunicación se apoya en posturas y gesticulaciones, tienen problemas para comunicarse en la obscuridad. Afirma que este sistema de comunicación es inferior a – lo que él llama– lenguajes más evolucionados, porque limita las posibilidades de comunicación y pensamiento.

Aunque encuentro muy aventurado llamar a un lenguaje superior a otro, lo cierto es que las ventajas cognitivas de contar con un vocabulario más extenso y más preciso son bien conocidas: nos protege del deterioro cognitivo y nos ayuda a aprender nuevos conceptos con mayor facilidad. No sólo eso, también existen ventajas sociales: refleja nuestra capacidad cognitiva y también nuestro grado de alfabetización. En otras palabras somos percibidos como “más inteligentes”. Sin embargo, todo esa imagen de sabiduría y erudición se viene abajo cuando hacemos un incorrecto uso de las palabras. Aunque probablemente pensemos que estos errores son algo ajeno a nuestras bien educadas mentes, lo cierto es que he visto a grandes compañeros y profesores de la facultad, sucumbir ante los más inocentes barbarismos.

Pumas que rugen

Si bien desde el punto de vista ortográfico no existe ningún error en la oración anterior, cuenta con un problema: los pumas no rugen. Ésto se debe a la modificación de uno de sus huesos en la garganta. De hecho, esta es la principal razón por la cual no es considerado dentro de los grandes felinos (como el león o el tigre). Los pumas pueden maullar o ronronear, pero no rugir.

Monstruos sin nombre

Primo hermano de esta confusión (que más que divertir asusta), es referirse a seres con facciones monstruosas como Frankenstein. En realidad Frankenstein es el doctor que creó al monsturo . Esta creatura no fue bautizada por Mary Shelly. Incluso en la adpatación Presumption; or The Fate of Frankenstein los créditos para nombrar al personaje son "______".

Créditos en Presumption; or the Tate of Frankenstein

Oiconomía

En el curso de etimologías del bachillerato, una de las raíces imprescindible era οἶκος (casa). Si bien la pronunciación del griego antiguo es aproximada, existen seis diptongos griegos que es esenciales conocer y οἶ es uno de ellos; pasan al español como “e”, de ahí que hoy en día tengamos palabras como economía, ecología y ecosistema –no oiconomía, oicología ni oicosistema.

¿Por qué a los niños del Danone se les ocurrió llamar a su yoghurt “griego” oicos, entonces?

Si bien existe publicidad engañosa y contaminación visual, lo de Danone es un acto de vandalismo. Ahí van todos repitiendo la cantinela “oicos, yoghurt griego” cuando de griego no tiene ni el nombre (hasta del acento se olvidaron).

Falsos amigos

“Aplicar” es un falso cognado que ha dado a parar por todas las redes sociales. Los niños de AIESEC son clientes frecuentes de este error y como “ciudadanos globales” ya es hora de conocer la diferencia.

AIESEC se 'aplica'

La confusión viene del verbo en inglés to apply, por ejemplo en I applied for a job. Al español lo adecuado sería “solicité”, “me postulé” o “envíe una solicitud”.

Cuando los edificios caigan

Probablemente muchos se cuestionen en este momento si tiene sentido preocuparse por estos detalles lingüísticos. Lo cierto es que no se va caer un edificio por un mal uso de las palabras. La gente tendrá la capacidad de entendernos de todas formas, pero de poco nos sirve tener un sistema de lenguaje evolucionado si sólo utilizamos de forma adecuada, aproximadamente 80 palabras.